Sofía

Subió las escaleras corriendo, aunque llegaba con tiempo de sobra.

Cada mañana desde que la dulce Sofía había empezado a trabajar, llegaba más pronto que nadie, mas contento que nadie y mas sonriente que nadie!

Nadie estaba más enamorado en todo el mudo que él de su preciosa Sofía.

La única pega que tenía todo ese cúmulo de alegría y estupidez pseudo-adolescente, era que Sofía era tan increiblemente bonita, tan extremadamente simpática, tan inteligente, tan solicitada, que jamás se fijaría en él.

Había pensado mil maneras de llamar su atención:
-Mandarle mails anónimos para intrigarla, mandarle flores con una tarjeta anónima, escribirle una carta con todo lo que sentía y dejársela en la mesa antes de que llegara...

En todas sus tretas para llamar su atención, nunca había contemplado el decirle que era él quien la amaba en la sombra, quien pensaba en ella cuando estaba sola... jamás sería suya una mujer como aquella.

Aquella mañana, se había levantado un tanto extraño. Quizás la resignación de que nunca podría besar aquellos labios por los que tantas veces suspiraba, había hecho que se apoderara de él una extraña fuerza interior que le hacía sentir genial, y extremadamente seguro de si mismo.
Iba pensando en ello mientras se dirigía a su mesa, y le daba vueltas a la idea de que era como el condenado a muerte que una vez aceptaba su condición ya no podía temer a nada, pues lo peor iba a ocurrirle igualmente....

Era un pensamiento triste, pero por algún motivo se sentía bien.

Pasó el día como de costumbre. Él robó cada segundo en que pudo mirarla, sabiendo que ella no le vería, formando en su cabeza millones de imágenes y millones de situaciones que viviría con ella. Soñaba 8 horas al día con lo mas maravilloso que había en la Tierra y encima le pagaban por ello....


Al acabar el día, mientras recogía sus cosas con la tristeza de quien abandona el Edén para volver a su cuchitril, a prepararse una cena frugal con la que ver la tele, notó una presencia delante suyo.
Levantó la vista para encontarse con los ojos de Sofía mirándole con expresión de ruego.

-"Perdona, me sabe fatal pedírtelo a la hora de cerrar, pero podrías ayudarme con una cosilla que me ha pasado?"
-"Eeeeeh.. claro, como no.... que te ha pasado?"

Ella le contó el problema, el cual no era ningún misterio para él, así que se pusieron manos a la obra delante del ordenador...

Pasaron tres cortísimas horas, y seguían trabajando uno al lado del otro.
No se lo podía creer, tres horas notando su cuerpo a menos de un palmo, notando su dulce aliento al hablar, notando las cosquillas producidas por su pelo erizado cuando ella posó su mano en el hombro... la vida era maravillosa.
Además, había que reconocer que estaban empezando a hablar como si fueran amigos. Incluso la había hecho reír unas cuantas veces....  la verdad es que le extrañaba lo cómodo que estaba al lado de aquella mujer tan increible.

Cuando acabaron el trabajo, mientras recogían y empezaban a abandonar el edificio, siguieron hablando de tonterías. Ella le agradeció encarecidamente su ayuda y alabó su amabilidad. Él se hizo el desconcertado, pues no le había supuesto absolutamente ningún esfuerzo.

En el momento de despedirse, se quedaron n segundo mirándose a los ojos. Él sin esperanza y ella con curiosidad. De pronto ella le habló...

-"Eres un cielo. Jamás habíamos hablado y trabajamos casi pegados. La mayoría de la gente que trabaja con nosotros, sólo se ha dirigido a mi para invitarme a cenar, para decirme lo bien que me queda el vestido o para fardar de su coche. En cambio tú, me ayudas con el pastel de problema que tenía y encima con una sonrisa en la boca...."

El hombre no sabía donde meterse. La verdad es que toda la confianza que le había cogido se esfumó en un instante y dió paso al miedo, el pánico, el sentido del ridículo y un extraño bloqueo mental que empezaba a ser incómodo.
Al final, la parte resignada que le animó la mañana volvió a salir...

-"Si fuera un poco mas atrevido, probablemente también te habría invitado a cenar..." -dijo con la cabeza agachada.

-"Eres tímido! Que mono...  sabes que lo mas curioso es que cuando empecé a trabajar, el único hombre que me pareció interesante fuiste tú?   ...pero nunca me has dirigido la palabra, así que..."

Él ya no volvió a levantar la cabeza... notaba el pulso en la garganta y la sangre luchando por meterse toda en su cabeza.

De repente la miró y le dijo...
-"Ya no puedo invitarte a cenar, ahora no. Me parece demasiado ridículo... pero lo he pasado genial contigo y me encantaría que quedásemos algún día que no tengas nada que hacer, para pasear, tomarnos un café o lo que mas te apetezca... que te parece?"

Ella sonrió, adivinando el esfuerzo que había hacho él para decir toda aquella frase como si fuera un robot. la verdad es que le parecía una situación de lo más graciosa...

-"Me parece que soy una mujer afortunada... que te parece mañana a las 8 en aquela esquina? Podríamos ir a por un refresco y a pasear por el parque que hay aquí detrás. la verdad es que me encanta y no quiero ir sola."

-"Entonces mañana irás y no estarás sola... hasta mañana Sofía."


Luís, que así se llamaba el afortunado mortal, se fue hasta su casa andando un palmo por encima del suelo... fue consciente de que iba a casa porque sin saber cómo, de repente se encontró delante del portal.
Hacía 6 horas que pensaba que jamás podría amar a nadie, pues su amor correspondía a alguien fuera de su alcance, y ahora juraría que ella estaba contenta de haber quedado con él!
Como que debía estar, estaba!!!! pues no lo había sugerido ella?

A lo largo de la noche, su cabeza solo visualizaba imágenes de su piel, de su cuello de cisne, de su precioso pelo liso, de sus labios sugerentes, del hoyuelo que se le formaba al sonreír.
Se imaginaba escenas en que se daban el primer beso, en las que ella le desabrochaba la camisa para sentir su piel... escenas cargadas de erotismo y escenas cargadas de amor.

Se había sentido tan a gusto con ella que estaba seguro que pasarían una tarde genial. Le había mostrado la clase de tipo que era, y a ella parecía haberle gustado, así que no parecía imposible llegar a besarla alguna vez. Como mínimo decirle algún día que para él era la tierra, el mar, el cielo y el fuego que le hacía levantarse por las mañanas.

Se durmió apenas un par de horas, en las que soñó mil veces que ella le decía "te quiero" después de hacer el amor...

Al día siguiente, se levantó para ir a trabajar, pero no como cada día. Era un hombre distinto, lleno de ilusión, de seguridad, de nervios... un hombre que estaba dispuesto a comerse el mundo porque tenía una oportunidad!

Pasó el día en la oficina sonriendolo a todo el mundo. Ella no estaba, aquel día tenía fiesta y por eso habían quedado a las 8, después de que él saliera de la oficina. Se la imaginaba arreglándose para pasear con él y la sonrisa aún le ocupaba mas superficie del rostro.

Salió del edificio pensando que quizás sería una buena idea comprar algunas flores, aunque se percató que lo que le gustó a ella fue su naturalidad y su falta de intencionalidad. Se acercaría a ella con su amistad y lo demás ya surgiría si así tenía que ser.

5 miutos antes de las 8, se hallaba al lado de la parada del autobús. Suu carácter discreto le impedía ponerse en medio de la gente que estaba esperando pacientemente que llegara su medio de transporte, así qeu se colocó en un lugar visible y apartado y empezó a mirar a todos lados con calma para verla aparecer.

Unos minutos mas tarde, una sombra emergió a lo lejos, convirtiéndose poco a poco en aquel ángel del que se había enamorado. Los nervios volvieron, dudó de su ropa, de su corte de pelo, de lo que le diría cuando llegara, de que el día anterior hubiera sido real o lo hubiera soñado....  Era el tipo más feliz del mundo!

Unos segundos después, ella estaba justo delante de él, en la acera de en frente y lista para cruzar. Con una sonrisa que denotaba ilusión, con un vestido que decía que uería impresionar, con un porte digno de una emperatriz.

Bajó con paso firme de la acera, avanzó hacia él...

Luís no soportó seguir mirándola, así que miró un segundo a un lado, como intentando que no se notara lo impresionado que estaba.
Cuando volvió la cabeza para mirarla otra vez, ella no estaba!

En su lugar solo había un autobús enorme, con un cartel-anuncio de aquellas galletas que habían salido hacía poco al mercado y que ahora anunciaban por todas partes.
Se quedó un segundo parado, algo no cuadraba...

Y de pronto sucedió!

Su cerebro procesó el grito de la señora sentada en la parada del autobús, procesó el ruido de los frenos del gigantesco vehículo al ser apretados excesivamente, procesó el ruido sordo de un ángel al chocar contra el metal, y el de los cristales al caer al suelo.
Le habían llegado un segundo tarde, un segundo que perdió a su amada de vista, un segundo de los pocos que le habían dado para estar con ella.

Siguió el cartel de las galletas hasta que se detuvo, sin mover mas que el cuello, sin cambiar un solo músculo de la cara, sin mover brazos ni piernas...

La cara de la gente que se acercó al instante le hizo saber que nunca volvería a ir a trabajar con una sonrisa, que nunca volvería a tener ninguna esperanza, que nunca podría amar, porque ya lo había hecho con todo su ser.
Nunca se darían ese beso que los dos deseaban y en el que él no creía...

Era feliz en un mundo en que sabía que nunca podría tener aquello que deseaba, pero en el que sabía que existía algo que desear.

Y ahora...  ya no quería vivir en ese mundo.

P.D.-> El principio de la historia está dedicado a Rubén y Elena y a su bonita historia de amor...  el final es mío, lo siento!

24/08/2006 23:59 Autor: goldhands. Enlace permanente. Tema: Relatos.

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Autor: Jake

¿¡Pero no habíamos quedado que dejarías de escribir estas cosas!?.

Ayyy, que se me está dispersando...

Fecha: 25/08/2006 01:26.


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Autor: RUFUS

Muy buen relato, muy emocionado y sentido, y encima al final, con letras azules te confiesas el asesino conductor de autobús.

Fecha: 25/08/2006 01:46.



Autor: goldhands

Jake-> bueno, esta no lleva moraleja... aquí, si se quiere interpretar que no hay que salr con tías buenas, por mi genial!

Rufus-> Es que o atropellas a alguien, o las historias estas quedan muy ñoñas!

Fecha: 25/08/2006 01:49.


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Autor: RUFUS

Te entiendo perfectamente, y de hecho he pecado del mismo mecanismo en alguna ocasión.
Giro inesperado al final, forzado o no, para fumigar cualquier sospecha de ñoñez.
El problema es que si para intentar quedar como un “tipo duro” hemos de crear un nuevo cliché, la cosa terminara como una formula artificiosa.
El relato es bueno, retransmite las emociones del protagonista incluso en el trágico final.
Salut

Fecha: 25/08/2006 04:56.


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Autor: Squall

Reconozco esta historia, me habrá pasado a mi unas 4 veces...xD, por cierto ¿y el perro?...no ahora en serio, ha estado mu chula.

Fecha: 25/08/2006 08:44.



Autor: L_Y_R

bonita, y bien contada, besos.

Fecha: 25/08/2006 09:50.


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Autor: apio, que macoooooo

Todo el rato pensé que pasaba en Londres, cosas de mi mente perturbada. Y de repente lo del autobús, y me digo "claro, seguro que no esperaba que viniera de esa dirección". Ha estado muy bien, me he metido de pleno en la historia.
Y con unhappy end como me gustan.

Fecha: 25/08/2006 12:32.


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Autor: Tuxina

Pues yo no pensaba en qué ciudad podía estar pasando, pero el autobús me lo imaginé rojo y de dos pisos, que curioso.
Y creo que es una de las mejores historias que has escrito hasta ahora. Me quito el sombrero :)

Bicos

Fecha: 25/08/2006 13:52.


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Autor: Misósofos

Menudo final les has dado a Rubén y Elena... ¡No creo que te lo agradezcan!

Por otro lado; a las mujeres no se las puede alabar, ¡me alegro de que no optara por la carta!
Lo mejor es comunicarles oralmente todas nuestras virtudes: "¿te has fijado en lo alto que soy? ¿Y en lo listo? ¿Y en lo refinado de mis modales?"
"¿No? ¡Pues no debes tener ojos en la cara, chata!"

Fecha: 25/08/2006 16:54.


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Autor: Céline...

Muy buena la historia. Como Apio, me he metido de lleno... "Chapeau"

Fecha: 25/08/2006 22:11.


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Cuando era pequeño me preguntaron qué me gustaría ser de mayor. Desde entonces, ando dándole vueltas...

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