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Otro golpe más..."Otro golpe más... un empujón, un pinchazo en la cabeza, algo me hace caer...cuando acabará esto? Siento mis costillas desplazarse, otro golpe supongo. Pero ya me he acostumbrado al dolor. Se me ha dormido el labio...qué me ha dado? Ese ruido es insoportable, demasiado alto, me duele y me crispa, y no me deja oír la música. Esos tres tipos que se acercan me van a dar... míralos, como si la cosa no fuera con ellos! Como odio que pongáis cara de no haber roto un plato cuando estáis a punto de joderme... Ahí van! Sangre... Es del ojo o del labio?... tengo la cara entumecida... pero ya se van. Qué demonios es esa puerta?"
Se acercó cojeando hasta el pomo de la extraña puerta que nunca había estado allí. Lo más asombroso era la sensación de no poder evitar cruzarla, era como un deseo enfermizo! La abrió de golpe y sin pensar, y sin siquiera mirar adelante, se coló por ella para cerrarla enseguida. Al girarse su boca y sus ojos se abrieron de par en par... La temperatura era perfecta, soplaba una brisa que acariciaba la piel y la luz natural del día se hallaba salpicada de miles de colores que reflejaban los edificios. En cada uno de ellos descubrió algo único que le daba personalidad y encanto. Los árboles y plantas estaban en flor, despidiendo aromas que se colaban por su nariz y limpiaban el hedor de ciudad que se hallaba en sus pulmones, que le recordaba continuamente de dónde venía. Todo estaba limpio y la gente sonreía por la calle. Se saludaban, se detenían a conversar. Un apretón de manos sincero, una palmada en la espalda, unas palabras alegres... la gente era feliz. Siguió mirando todo lo que le rodeaba, hasta darse cuenta de que detrás suyo no había ninguna puerta. Había desaparecido o mejor dicho, nunca había estado allí. Tras unos segundos de estupor, decidió que aquello era demasiado bueno como para perder más tiempo en misterios, y se dispuso a seguir oteando cualquier cosa que habitara aqul lugar. Y entonces la vió. Estaba inmóbil, mirando hacia él, con unos ojos que no dejaban indiferente a nadie... unos ojos dónde perderse para no regresar. Empezó a andar hacia ella muy lentamente, como con miedo a que desapareciera si corría demaiado, y con miedo aún de una gente a la que no conocía aunque parecían amables. Ella sonrió, y cuando la sonrisa llegó hasta él acabó con cualquier inquietud como si de una bomba se tratara. Y él recordó cómo se sonreía... No conseguía fijarse en nada en concreto, todo era perfecto... sus ojos decían millones de cosas, pero en algún idioma que él no terminaba de entender con lo que no podía dejar de mirarlos. Su pelo acariciaba sus hombros exactamente comó a él le gusaría acariciarlos... algunos mechones rebeldes le acariciaban el cuello acompañados por la brisa. Su boca.... no había palabras para definir su boca. Si "beso" tenía una definición, aquellos labios eran la foto que la ilustraba. Y cuando llegó frente a ella, tras haber visto su cuello, sus brazos, su cintura, su pecho y sus caderas, la mujer que tenía delante le hacía sentir muy pero que muy pequeño. Ella no dejó de sonreir, asió su mano con dulzura, tirando de ella para que el hombre se acercara un poco más, y susurrando unas palabras con la voz del caramelo le besó, le dejó sin respiración y se fundió con él en un abrazo. Sus labios sabían a cielo, su olor se colaba por la nariz acariciando el alma, y su pelo travieso quería jugar con él. Y intentando zafarse en el juego, olió aquel cabello y le pareció que olía a amor. La cara de la muchacha cambió, y se tornó gris. Se giró para ver hacia dónde estaba mirando ella, y entendió su temor. Otra vez la puerta! Y ahora no era deseo enfermizo lo que sintió, sino una imperativa obligación. No pudo despedirse, no pudo casi decirle adiós. No le dio tiempo a volver a ver los colores en el aire, ni las sonrisas de la gente... volvía a estar en casa.
"Otro golpe más... no puedo estirar el brazo.... porqué esto no acaba nunca? No puedo parar de tiritar, hace mucho frío... porqué me duele el pecho? Hay demasiada luz, me duelen los ojos..."
Detrás suyo había penunbra, no se oía demasiado ruido y no parecía haber nadie. Solía acercarse a zonas así para sobrevivir sin sufrir tanto. Entonces cayó en la cuenta de que delante suyo, cruzando el ruido infernal, las cegadoras luces, los golpes, los arañazos, las dificultades, se hallaba el lugar dónde había visto la puerta. Se irguió por un momento, olvidándose de proteger su cuerpo de los ataques constantes y sonrió. Empezó a andar hacia la puerta...
" Tengo un corte en el cuello, estoy sangrando... es superficial... Siento mi cabeza ir de lado a lado... se me ha vuelto a dormir la boca. Porque ando cojeando? Otro golpe más... ...no vais a tumbarme!"
Comentarios » Ir a formulario
¿ayer le volvieron a dar garrafón?
Fecha: 20/11/2007 22:13.
He reñido con mi maestro...
El no cree que yo sea tan guay como pretendo! Fecha: 20/11/2007 22:39.
Ahora se supone que debo decirle, si es usted tan guay como cree. Pero aun el queda un largo camino para ser un quillo. Entonces serás guay y tendrás un coche chanante.
Fecha: 20/11/2007 23:53.
visto y leido lo leido te recomiendo este libro:
"Cosas que hacen BUM" de Kiko Amat Editorial Anagrama salutacions Fecha: 21/11/2007 09:16.
Un relato sorprendente, sí señor.
Me he mudado de selva. Ahora estoy en ladurajungla.blogspot.com Besos de pantera. Fecha: 23/11/2007 20:29. |
goldhandsCuando era pequeño me preguntaron qué me gustaría ser de mayor. Desde entonces, ando dándole vueltas...
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