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Un día en la vida de HarryHarry Brightown no se encontraba como cada día... Salió a la calle porque su hija le había pedido que comprara leche y pan antes de salir a trabajar. Harry entró en la tienda de la esquina, se dirigió a la sección de lácteos dónde sólo encontraría yogures y la misma marca de leche de siempre. Y cogió un yogur sin mirar tan siquiera el sabor... Se dirigió a la caja, y dejando el yogur en el mostrador se puso a abrir su billetera para pagar. -"Un pavo!" -le dijo la cajera mirando al infinito. Harry sacó un billete de 20, lo dejó al lado del yogur y cogiendo este se dirigió a la salida sin esperar el cambio y sin escuchar lo que le decía la cajera. Llegó a su casa, se dirigió a la cocina dónde Lisa, la mayor de sus dos hijas, estaba preparando tortitas para el desayuno y le dejó el yogur encima del mármol. Harry la miró como si no la conociera, se fue hasta la puerta para ponerse su abrigo y giró el pomo para salir. Harry se giró. La miró con la misma cara inexpresiva, casi traspasándola con la mirada. -"Papá, al menos me darás un beso antes de ir a trabajar, no?" -le preguntó entendiendo que cuando quisiera ya le contaría... -"Si..." Y se dió la vuelta y desapareció por las escaleras. Vivía en un octavo piso con ascensor, pero Harry bajó andando hasta la calle. Se subió al metro y se quedó plantado en el centro de su vagón, asiendo la barra con una mano y mirando fijamente el cartel que anunciaba las paradas durante todo el trayecto... y cuando se percató, una voz femenina le indicaba que el metro había llegado al final del destino. Se había pasado 14 paradas. Consiguió llegar a su oficina... dos horas tarde. Subió sin tan siquiera saludar al portero, ni al ascensorista. Cada mañana se paraba unos instantes a preguntarles que tal el partido, o a comentar alguna noticia sobre las malas gestiones del gobierno... En Estados Unidos es sencillo... cada día hay algún partido de algo y cada día algún senador metía la pata. Harry entró en las oficinas de su empresa a través de la puerta de cristal con el nombre serigrafiado como cada día, pero pasó entre el alud de saludos y preguntas sobre su retraso sin abrir la boca para nada y sin quitar la vista de la puerta de su oficina. Entró dejando en la puerta a los compañeros que extrañados por su reacción se pusieron a seguirle. Cerró de golpe no dejando que nadie se atreviera a llamar. Harry se quedó plantado un par de minutos justo delante de la puerta mirando hacia su mesa fijamente. Notó como su corazón se disparaba un instante. Se sentó en su silla de oficina perfectamente tapizada, y dejó que sus ruedecitas lo acercaran a la cajonera de la mesa. Harry levantó la mirada del segundo cajón para dar una ojeada a la foto de su esposa. "Que preciosa eres..." -pensó. Su mujer había muerto dos años atrás a causa de un accidente de tráfico. Una lágrima cayó por la mejilla del hombre, al recordar la última vez que había hecho el amor con su mujer. La última vez que hizo el amor... Volvió a concentrarse en su cajón. Lo abrió. Sacó con sumo cuidado un pequeño papel doblado, el cual alisaba mientras lo posaba con sumo cuidado en la mesa. Encendió la luz del despacho para ver mejor. Del bolsillo de su camisa cogió un trozo de papel de periódico dónde por la mañana había escrito unos números... Miró atentamente los dos papeles. Instantes después cogió el teléfono, marcó el número de su casa donde sabía que estaría Lisa, pues era verano y tenía vacaciones en el colegio. Por el auricular se podía oír la voz de su pequeña, preocupada y llamando a su padre insistentemente... Harry intentó tomar las riendas de sus emociones, dejó de lado sus lágrimas y cogió el teléfono con fuerza. -"Hola cariño... recuerdas aquel vestido carísimo que tu madre deseaba comprarte para cuando cumplieras los 18?" -le preguntó Harry -"Si, si... oye, esta tarde iremos a comprarlo... uno para ti y otro para tu hermana..." -dijo Harry con la voz mas entera. -"Cómo? Papá, qué has hecho? Que está pasando? No necesitamos los vestidos, ni siquiera podemos permitírnoslos..." -"Cariño, esta mañana en el periódico he mirado los números de lotería... y allí estaba, la fecha en que murió mamá... somos ricos... y hoy vais a tener su último regalo..."
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La ludopata que hay en mí está emocionada hasta las trancas.
Fecha: 07/12/2007 08:45.
Tengo ya unas ganas de ver a quien le toca el gordo este año... siempre pienso:
"Mira, otra familia rota por el dinero...." Fecha: 07/12/2007 11:19.
Joder, Goldy!, creía que iba a pegarse un tiro. Muy buen relato, absolutamente inesperado. Besos de pantera.
Fecha: 10/12/2007 15:36. |
goldhandsCuando era pequeño me preguntaron qué me gustaría ser de mayor. Desde entonces, ando dándole vueltas...
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